
Estaba solo en la cima del Irubelakaskoa. Era francés. Su mochila y su bastón artesano descansaban sobre unas piedras. Miraba hacia el Iparla, amenazado por una tormenta estival. Quizá se miraba a la vez a sí mismo. Llegaron otras personas a la cumbre y hubo un rumor festivo de jadeos, saludos, fotografías y almuerzos, pero nadie se atrevió a interrumpirle: su soledad parecía sincera. Al fondo de la imagen, a la derecha, se distingue el perfil del Auza, el monte más alto del Baztán. Según contaron los periódicos, fue allí, en alguna ladera discreta y próxima a la muga, donde Txeroki impartió las últimas instrucciones al comando que perpetró el atentado de la T-4 de Barajas. Aquella explosión costó la vida a Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio. Podría ser que ambos estuviesen hoy vivos si Txeroki también se hubiera sentado frente al paisaje y frente a sí mismo.
3 comentarios:
Gran entrada a un tema profundo. Un hombre en la cumbre, una incógnita, una decisión. Muy bueno.
Bueníiiiisimo. Ya sabes quién decía que El Eco justificaba por sí solo toda una vida dedicada al periodismo. Pero coño, menos mal que seguiste. De lo contrario no habrías escrito, entre otras muchas, cosas como las que cuentas en esta entrada. En la tremenda aridez de estos días he tropezado con tus líneas. Magnífico. Y callo ya, que el alago debilita. S.
Gran reflexión en una cima preciosa. Espero tu próxima entrada con otra gran reflexión.
Orea.
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