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viernes, 19 de agosto de 2011

Flores



La elegancia despreocupada de los lirios es una invitación a la confianza. Y la belleza escondida de la edelweiss recuerda que la grandeza de un paisaje se debe casi siempre a los pequeños detalles.

(La primera foto fue tomada hace dos semanas junto al ibón de Ip y la segunda, el domingo pasado junto a la cima de la Garganta de Borau).

sábado, 11 de diciembre de 2010

viernes, 11 de julio de 2008

Frágiles y/o corrientes


“Ya están aquí los tulipanes nuevos, aún tímidos, sus gruesos pétalos cerrados, como si fuesen pinzas de cangrejo, son de color rosa, un rosa anaranjado, sería necesario un pintor para acogerlos dignamente, alguien que abriese una vía real, desde el ojo hasta el espíritu, sin el intermediario ruidoso de las palabras. Os amo, muchachos, y amo con igual intensidad a vuestras parientes lejanas, las flores silvestres de los eriales, las que son demasiado frágiles o corrientes para tener un valor comercial. Os amo y amo con igual amor a los cardillos, como amo a cada átomo de esta materia: la mancha que está en el techo de la sala, justo encima de mi cabeza cuando escribo, me parece tan principesca como un sol, me produce la misma alegría”.

(Christian Bobin, Autorretrato con radiador)

domingo, 6 de julio de 2008

Lirios despreocupados

Ni Salomón en toda su gloria.

(Cf. Lc. 12, 27)

sábado, 23 de febrero de 2008

Ilex aquifolium

El acebo es un arbusto dioico. Esto significa que hay plantas de los dos sexos, y que han de estar más o menos próximas para que broten esos pequeños frutos rojos, casi inevitables en el papel que envuelve los regalos navideños. Algunas páginas de Internet dedicadas a la botánica y a la naturopatía afirman que el fruto del acebo tiene propiedades diuréticas y purgantes, pero otras ecológicamente incorrectas se limitan a advertir que su consumo puede provocar diarreas y vómitos. Casi todas añaden que es una especie de hoja perenne, de crecimiento lento, y de madera robusta y apreciada. Dicen también que sus hojas presentan un borde espinoso y que recuerdan a las de la encima (Quercus ilex): de ahí el parentesco de los nombres. Que tolera bien el frío, que prefiere la humedad y que puede alcanzar hasta 25 metros de altura. Pero entre tanto rasgo más o menos común, más o menos previsible, apenas hablan de su brillo, de los reflejos cambiantes y esquivos que a veces extiende en el sotobosque. El día de la foto hubo suerte: pero hizo falta que las nubes se conjurasen con el sol vespertino de febrero y con las copas aún desnudas de las hayas para que los destellos risueños y puntiagudos del acebo iluminaran el camino al paso del pequeño grupo que descendía exhausto y silencioso desde Lepoeder.