
La aparente quietud de la imagen no hace justicia a la ventisca que aquel domingo castigaba la cima del Ekaitza. Días antes, alguien había atado una ikurriña a un mástil improvisado con un viejo tubo metálico, pero sucesivas tormentas fueron despedazando la bandera hasta devolver a la cumbre su soledad original. En el centro de la fotografía se dibuja la silueta afilada del Mendieder y al fondo se recorta la pirámide del Mendaur, con su ermita dedicada a la Trinidad. Tres cimas distintas para una única excursión.