
Ocurrió el 7 de diciembre a la una del mediodía. A la vez que G admiraba el paisaje invernal desde la antecima del Txamantxoia, S y los suyos buscaban por el fondo del valle la ruta del paraíso. No podían verse porque les separaban mil metros de altitud, pero hubo un momento en el que uno y otros estuvieron mirándose, sin saberlo, sin conocerse. Fue una coincidencia temporal y geográfica que se ha puesto de manifiesto a través de la blogosfera. Es también la excusa que necesitaba para dar las gracias a todos aquellos que en los últimos doce meses han establecido un enlace con este blog. El recorrido por las distintas direcciones permite además improvisar una interesante y ¿heterogénea? cordillera virtual. Ahí va la ruta, ordenada alfabéticamente:
(Es probable que haya ausencias: si alguien no se ha dado por aludido, que avise).