jueves, 18 de marzo de 2010

Sintonía



A veces se acompasan las distancias, los movimientos, los jadeos y hasta las reflexiones que los montañeros van hilvanando mientras avanzan con el ritmo y la cadencia de una melodía pegadiza. La cordada es entonces invencible.

(G dirige al grupo hacia la cima del Bisaurín)

Nubes



Hasta las nubes más oscuras acaban por alejarse, y el paisaje recobra los colores y la perspectiva y los brillos que se creían perdidos.

(G contempla el horizonte francés desde la cima del Argintzo)

sábado, 20 de febrero de 2010

Fronteras



Tantos siglos llenando los mapas de colores y líneas discontinuas para descubrir al final que la única frontera que merece la pena es la del horizonte, aunque a veces se confunda o se desdibuje un poco.

(G junto a la cima de Peña Oroel)

lunes, 25 de enero de 2010

In memoriam



Un sencillo monumento recuerda en la cima del Legate al montañero baztanés Gerardo Plaza Tuñon, fallecido en 1980, a los 27 años. Fue uno de los pioneros del Sakhaur, donde sobrevivió a la caída que se llevó a Leandro Arbeloa, y en 1979 conquistó la cima del Dhaulagiri, el primer ochomil del montañismo navarro.

sábado, 16 de enero de 2010

Viento



Podría ser un paseante desprevenido que trata de huir de una ola gigante al borde del Cantábrico, pero es A peleándose con el viento que aquel domingo barría el afilado pasillo que une las cimas de Mendieder y Ekaitza.

sábado, 9 de enero de 2010

Caballos en Remendía



La belleza del otoño alcanza incluso a los caballos.

miércoles, 6 de enero de 2010

Seres vivos



Uno lleva su biografía a cuestas, y la sufre o la disfruta reservadamente, y elige sus metas y sus escenarios, y se mueve por la geografía y por la historia siguiendo el rumbo de sus principios, de sus decisiones o de sus fracasos, quizá tratando de dejar alguna huella en el paisaje cambiante de la humanidad, quizá arrepentido de las que ya ha dejado, quizá dolido por las que podría haber dejado. El otro despliega todos los recovecos de su vida con una paciencia de siglos, siempre al borde del bosque que trepa silencioso por la ladera del Loizate. El dibujo intrincado de sus ramas contiene todas las circunstancias de su pasado, también las primaveras que lo vistieron de hojas breves y brillantes cuando aún no habían nacido los abuelos de los abuelos del montañero que hoy busca su compañía.