viernes, 28 de septiembre de 2012
Camino del Infierno
miércoles, 19 de septiembre de 2012
Luces y sombras en el Balaitús
Ya superada la exigente Brecha Latour, el gran J. se dirige hacia el último repecho previo a la cumbre.
El Arriel y del Midi d'Ossau iluminan la ruta aún en sombra de los montañeros.
Tres montañeros admiran por última vez las panorámicas que ofrece la cumbre antes de emprender el regreso.
En la Gran Diagonal, con los cinco sentidos y las dos manos empeñados en el descenso.
El Arriel y del Midi d'Ossau iluminan la ruta aún en sombra de los montañeros.
domingo, 2 de septiembre de 2012
Septiembre
Septiembre es un mes propicio para afrontar nuevos retos. Hay que ponerse en marcha con esa garantía que tantas veces han experimentado los montañeros veteranos: la ascensión es casi siempre el principal estímulo, por encima incluso de la propia cima.
(En la fotografía -tomada ayer, 1 de septiembre- G. dirige sus pasos hacia la cumbre del Zuriain).
(En la fotografía -tomada ayer, 1 de septiembre- G. dirige sus pasos hacia la cumbre del Zuriain).
miércoles, 29 de agosto de 2012
Sapo
miércoles, 15 de agosto de 2012
martes, 7 de agosto de 2012
De ibón en ibón
El fotógrafo examina su presa junto al ibón de Respumoso, en la primera jornada de la ascensión a la Gran Fache (3.005 metros).
J. y A. contemplan el panorama apenas iniciado el descenso de la Gran Fache. Los ibones adornan el paisaje en todas las direcciones.
A. bordea uno de los ibones próximos al collado de la Fache, ya en el descenso.
Todos los años, el 5 de agosto, fiesta de la Virgen de las Nieves, se celebra una ascensión colectiva a la cima de la Gran Fache con un doble objetivo: recordar a los fallecidos en la montaña con una ceremonia religiosa y reafirmar la amistad entre montañeros franceses y españoles. El mal tiempo impidió este año la eucaristía en la cumbre y desanimó a bastantes montañeros, aunque algunos audaces mantuvieron la tradición. Existe una asociación que agrupa a los amigos de la Fache.
jueves, 2 de agosto de 2012
El paisaje y el alma
"El paisaje es un estado del alma", escribe José Ignacio Tellechea Idígoras en su memorable biografía de San Ignacio de Loyola. La reflexión es muy oportuna y el propio Tellechea, que firma la presentación de su libro en Ituren, al pie del Mendaur, la debió de experimentar en primera persona en más de una ocasión. Es conocido que la vida del santo guipuzcoano dio un giro insospechado mientras convalecía de las heridas que le causó una bombarda el 20 de mayo de 1521, en plena defensa de Pamplona. Recluido en la casa solariega, "para llenar las horas de ocio [...] pidió libros de caballería, a los que era muy dado". Sin embargo, "la demanda fue infructosa y estéril, porque en la casa no había ninguno de los que solía leer", así que le ofrecieron "un Vita Christi y un libro de la vida de la santos en romance". Es difícil calibrar la trascendencia que tuvieron aquellas lecturas en la vida de Íñigo y en la historia de la Iglesia, y sería frívolo buscar la relación causa-efecto desde una perspectiva puramente humana. Pero el biógrafo Tellechea cree que la indudable acción de la gracia divina también se sirvió del paisaje durante aquellos días apacibles y decisivos de Loyola: "[Íñigo] veía con otros ojos la luz otoñal que daba en su ventana, la transición de rosas, grises y azules del Izarraitz con los cambios de tiempo o de horas. Oía con otros oídos las esquilas de los rebaños que se recogían a sus bordas (apriscos), el grito del cashero para achuchar a los bueyes o a las vacas perezosas, la música rítmica del yunque de Errasti y el son distinto de las campanas de Azpeitia en tardes de viento sur". Y concluye: "El paisaje es un estado del alma, y el alma de Íñigo empezaba a cambiar, aunque sea un poco".
(Las frase entrecomilladas proceden de Ignacio de Loyola, solo y a pie, de José Ignacio Tellechea Idígoras. Y la foto corresponde a la cima casi siempre solitaria del Iturburua).
(Las frase entrecomilladas proceden de Ignacio de Loyola, solo y a pie, de José Ignacio Tellechea Idígoras. Y la foto corresponde a la cima casi siempre solitaria del Iturburua).
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