viernes, 19 de agosto de 2011

Flores



La elegancia despreocupada de los lirios es una invitación a la confianza. Y la belleza escondida de la edelweiss recuerda que la grandeza de un paisaje se debe casi siempre a los pequeños detalles.

(La primera foto fue tomada hace dos semanas junto al ibón de Ip y la segunda, el domingo pasado junto a la cima de la Garganta de Borau).

miércoles, 17 de agosto de 2011

Escalar



Quizá es necesario hacer click en la foto para admirar a los dos escaladores que ascienden trabajosamente la Aguja de Ansabere. La pared les exige una concentración casi absoluta: ya tendrán tiempo en la cima para saborear la magnitud y la belleza del paisaje que va quedando a sus pies.

domingo, 31 de julio de 2011

Belleza variable



"La naturaleza debía de estar contenta de que yo fuese tan feliz", piensa Jane Eyre con ocasión de uno de los episodios más risueños de la novela. Es una reflexión sugerente, pero la relación causa-efecto es probablemente la contraria: la belleza "objetiva" de la naturaleza se percibe y se saborea y se agradece mejor cuando las nubes no ensombrecen el alma del observador, sea este un montañero veterano o una institutriz de la Inglaterra victoriana que acaba de descubrir el amor.




(En la imagen, E. avanza por la magnífica cresta de los Alanos, aún más magnífica cuando se recorre con la adecuada temperatura interior).

jueves, 28 de julio de 2011

Horizonte



J. y A. inician el descenso de Lakartxela. Les espera el horizonte quebrado y prometedor de un nuevo curso.

viernes, 22 de julio de 2011

Panorama



Un montañero contempla desde el collado de Petrechema las nubes que cubren Francia. Con un poco de perspectiva, la densidad y los agobios de la niebla se diluyen enseguida...

miércoles, 20 de julio de 2011

Una locura



Esto es lo que acertó a explicarle Holden Cauldfield a su hermana Phoebe: “Muchas veces me imagino que hay un montón de niños jugando en un campo de centeno. Miles de niños. Y están solos, quiero decir que no hay nadie mayor vigilándolos. Solo estoy yo. Estoy al borde de un precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan a él. En cuanto empiezan a correr sin mirar adónde van, yo salgo y los cojo. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos. Yo sería el guardián entre el centeno. Te parecerá una tontería, pero es lo único que de verdad me gustaría hacer. Sé que es una locura”.

(El campo de la imagen -que ya estará más que segado a estas alturas del verano- brillaba el pasado junio junto a la localidad de Guembe, en el valle de Guesálaz: un buen sitio para iniciar la subida al Elimendi).

jueves, 23 de junio de 2011

Un perro de altura



Se llama Ori y conoce bastante bien la geografía foral. La foto fue tomada hace ya unos meses en la cima del Errozate. El domingo pasado coronó la Mesa de los Tres Reyes.