domingo, 3 de enero de 2010

La primera del año



G en el collado que separa Yoar y Laplana, las dos cimas más conocidas de la sierra de Codés: un magnífico lugar para dar la bienvenida al 2010, niebla incluida.

sábado, 2 de enero de 2010

El monte de San Silvestre



Se llama Buztanzelai o Laurdena y es la primera de las cimas que jalonan el recorrido entre el puerto de Izpegi y el Iparla: un magnífico lugar para despedir el 2009.

martes, 29 de diciembre de 2009

Feliz año viejo



Unos pasos más y habremos llegado a la cima del 2009. Lo tradicional en estas fechas es desear un feliz año nuevo, pero también habría que dar las gracias por el que termina, especialmente a aquellos que han estado cerca a lo largo de la ascensión, incluso virtualmente.

(En la foto, J a punto de coronar el Bisaurín)

jueves, 24 de diciembre de 2009

Pastores



Lo importante de los belenes no es tanto ponerlos o admirarlos como encontrar en ellos el sitio que nos corresponde. En la imagen, F y J parecen buscar el suyo desde la cima del Mendaur: la estampa que ofrecen no debe de ser muy distinta de la que compusieron hace dos mil años aquellos pastores que vigilaban por turno sus rebaños y fueron sobresaltados con un anuncio insospechado. Es cierto que tuvieron alguna ventaja, y que el ángel les proporcionó las indicaciones necesarias para llegar hasta el Niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre, pero los caminos que recorrieron aquella noche jubilosa siguen aún abiertos: los podemos descubrir en el paisaje de todos los días si sabemos avanzar por él con la mirada confiada y limpia de los pastores. Entonces también formaremos parte del belén, aunque no lo sepamos: como los pastores.

sábado, 5 de diciembre de 2009

Tentaciones de altura



Cuando se descubre el caserío de la imagen en un recodo del camino que asciende al Legate desde Bértiz, la pregunta surge casi inevitable: ¿para qué volver?

lunes, 30 de noviembre de 2009

El palacio de Aizkolegi



Pedro Ciga lo mandó construir hace un siglo en la cima del monte Aizkolegi, a 842 metros de altitud, erguido sobre los valles de Bertizarana, Baztán y Bidasoa. En la actualidad, unos grandes letreros colocados por el Gobierno de Navarra recuerdan casi a voces que el edificio se encuentra en ruinas, y prohíben cualquier acercamiento. Sin embargo, es muy difícil sustraerse a la tentación. Junto a la vieja casa del guarda arranca una amplia escalera de trazado señorial. Algunos peldaños están cubiertos por el musgo y la hiedra, pero se iluminan con brillos antiguos, como de otra época, cuando el sol se abre paso en el horizonte tormentoso de Mendaur y Ekaitza. La entrada principal, todavía adornada por un porche de resonancias orientales, revela una arquitectura elegante y generosa: las recias balaustradas, los vistosos forjados, los atrevidos azulejos o las galerías que en otro tiempo se abrían a los hayedos interminables de las laderas hablan a la vez de un estilo caduco y de un espíritu magnánimo. Casi se puede escuchar un eco de voces animadas y melodías risueñas a través de las ventanas hoy cubiertas con planchas de madera. El punto más alto del palacio lo ocupa una pequeña terraza donde Pedro Ciga se sentaba con su catalejo a “descifrar los misterios de la naturaleza”, en palabras de José Antonio Perales.



El aislado palacete modernista bien podría haber sido un capricho de Lady Marchmain, un pasatiempo estival donde paliar los calores de la vieja y excesiva mansión familiar. No es difícil imaginarla leyendo un relato del padre Brown a la sombra de un haya centenaria mientras Sebastián Flyte y Charles Ryder degustan vinos añejos en la galería del Oeste (“Este es como una gacela que corre por el bosque”) y Cordelia espera impaciente a Julia en el collado de Plazazelai. Quizá lo mejor de un viejo palacio sea justamente eso: no tanto los recuerdos de quienes lo habitaron, sino las historias imposibles de quienes podrían haberlo hecho.

martes, 24 de noviembre de 2009