Se cree que los restos del torreón que corona la cumbre del Urkulu (1.438 metros) pertenecen a un trophaeum erigido por Pompeyo en el 75 antes de Cristo. La cima separaba ya entonces Hispania de las Galias y el monumento era visible desde la gran vía romana que unía Burdeos con Astorga pasando por Aquae Tarbellicae (Dax) y Pompaelo (Pamplona). La historiadora María Ángeles Mezquíriz tiene escrito que los generales de Roma levantaron este tipo de torreones con cierta frecuencia en tiempos de la República, aunque sólo unos pocos han llegado hasta nuestros días. Los más significativos –añade– son el de La Turbie, en los Alpes marítimos, y Adamklisi, en Rumanía. A su juicio, el de Urkulu es un monumento "probablemente único" que ha resistido de forma "milagrosa" el paso de los siglos. En 1989, unas excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en las inmediaciones sacaron a la luz clavos, balas de plomo, varios botones de cobre de uniformes militares con la inscripción Republique Française y ocho monedas de Carlos VII de Navarra (IV de España). La silueta que en esta fotografía se recorta sobre el trophaeum romano es la de I, que desafió al viento enfurecido de aquel día para encaramarse con soltura y desparpajo sobre veinte siglos de historia.
miércoles, 20 de febrero de 2008
Una de romanos
Se cree que los restos del torreón que corona la cumbre del Urkulu (1.438 metros) pertenecen a un trophaeum erigido por Pompeyo en el 75 antes de Cristo. La cima separaba ya entonces Hispania de las Galias y el monumento era visible desde la gran vía romana que unía Burdeos con Astorga pasando por Aquae Tarbellicae (Dax) y Pompaelo (Pamplona). La historiadora María Ángeles Mezquíriz tiene escrito que los generales de Roma levantaron este tipo de torreones con cierta frecuencia en tiempos de la República, aunque sólo unos pocos han llegado hasta nuestros días. Los más significativos –añade– son el de La Turbie, en los Alpes marítimos, y Adamklisi, en Rumanía. A su juicio, el de Urkulu es un monumento "probablemente único" que ha resistido de forma "milagrosa" el paso de los siglos. En 1989, unas excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en las inmediaciones sacaron a la luz clavos, balas de plomo, varios botones de cobre de uniformes militares con la inscripción Republique Française y ocho monedas de Carlos VII de Navarra (IV de España). La silueta que en esta fotografía se recorta sobre el trophaeum romano es la de I, que desafió al viento enfurecido de aquel día para encaramarse con soltura y desparpajo sobre veinte siglos de historia.
Contraluz en Aralar
Aquella luz vespertina en la modesta cima de Errenega y esta cita inesperada en un best seller reciente: "El monte [se perfila] como lugar de la subida, no sólo externa, sino sobre todo interior; el monte como liberación del peso de la vida cotidiana, como un respirar en el aire puro de la creación; el monte que permite contemplar la inmensidad de la creación y su belleza; el monte que me da altura interior y me hace intuir al Creador".viernes, 15 de febrero de 2008
El pueblo de un torero
Las ruinas de Muguetajarra se esconden en la ladera más umbría y discreta de Peña Izaga. Se puede acceder al despoblado por la pista que nace en Urbicáin y atraviesa la finca forestal de Izánoz, o por la que procede de Celigüeta y Guerguitiáin. Es imposible sospechar que entre los muros colonizados por la hiedra, quizá en alguna de las casas aún enteras que sirven de ocasional refugio al ganado, nació en 1910 un torero que tiene entrada propia en el Cossío. Se llamaba Miguel Olza, pero se incorporó a los carteles con el sobrenombre de Vaquerín. Toreó su primera corrida en Talamanca de la Sierra (Madrid) en 1924 y trasteó después con más entusiasmo que estilo en varias plazas de tercera, hasta que un toro lo empitonó mortalmente en Calasparra (Murcia), el 30 de julio de 1931. Su trágica muerte no impidió que la enciclopedia taurina resumiera su trayectoria en términos que quizá se ajusten a lo que hubo, pero que hoy se antojan crueles: "Aunque murió muy joven, sus condiciones y su estilo no auguraban, ni mucho menos, una gran figura".
Búnker con vistas
martes, 12 de febrero de 2008
Una cima subterránea
lunes, 11 de febrero de 2008
La ermita más alta
Hay documentos de 1642 en los que ya se habla de un ermita dedicada a San Donato y San Cayetano en la cumbre del monte Beriáin. Es curioso que los dos santos se hagan compañía en las alturas —reales y figuradas— porque en vida no tuvieron la más mínima relación: el primero fue decapitado por orden de Juliano el Apóstata en el año 372 y el segundo, fundador de los teatinos, murió en 1547 después de haber puesto en marcha distintos centros y hospitales para indigentes y ancianos. Los archivos revelan que la ermita fue víctima de un deterioro creciente y que se reedificó o arregló en varias ocasiones en los siglos XVIII y XIX. En 1958 se construyó el edificio actual, de acuerdo con un diseño del arquitecto Ramón Urmeneta. En el último medio siglo, varias generaciones de montañeros han buscado el cobijo de sus muros para protegerse del viento. Pero volvió a arruinarse. En 1996, la sección de Montaña de Anaitasuna tomó la iniciativa de arreglarla: se movilizó a vecinos y montañeros, se recaudaron fondos por distintos medios —incluida la venta de 1.500 cucharillas de café con una inscripción alusiva—, se consiguió una subvención del Gobierno de Navarra y se acometieron las obras, con ayuda de un helicóptero. El resultado salta a la vista. En la historia de vaivenes constructivos de la ermita hay un dato invariable: los 1.494 metros de altitud le confieren el honor de ser la más alta de Navarra.
lunes, 4 de febrero de 2008
Un camino con historia
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