viernes, 26 de noviembre de 2010

Belleza sin testigos



He aquí un narciso que nunca fue consciente de su belleza. Su fragilidad y su hermosura se hubieran consumido además en un perfecto anonimato si aquel domingo tormentoso de mayo los tres montañeros no hubiesen equivocado el camino hacia la cumbre remota del Bizkailu.

4 comentarios:

iK dijo...

Interesante reflexión. La belleza está allí. Nosotros sólo hacemos pequeñas incursiones y la olisqueamos, la queremos prender, y a la vuelta, en casa, la añoramos.

eider elizegi dijo...

A mí me maravillan las cosas inertes y las inconscientes, porque existen sin necesidad de percibir y reflexionar sobre lo que son. Y me hacen pensar que esto a lo que damos tanta importancia y que se hace llamar "yo", en realidad es sólo una consciencia parcial e insignificante. Así que trato de aprender mucho de una mesa, de una rueda y de una flor. Preciosa foto. Preciosa entrada. Gracias!!! :-)

Lamia dijo...

¡Qué preciosidad! Apenas resisto la tentación de robarla....

J M C dijo...

Lamia: ya sabes que puedes "robar" todas las fotos que quieras.