Dicen que nunca dejan de mirar al sol, pero éste trataba de sonreír a los peregrinos que pasaban aquel domingo de agosto junto a Guenduláin, todavía muy lejos de Santiago.
Se habla siempre del ideal como de una meta a la que se tiende sin alcanzarla jamás. Para cada uno de nosotros, el Annapurna representa un ideal hecho realidad. Para nosotros, la montaña siempre ha sido un campo de acción natural, donde, en la frontera entre la vida y la muerte, encontrábamos esa libertad que andábamos buscando a tientas y que necesitábamos como el pan. Las montañas nos han obsequiado con su belleza, y nosotros las hemos amado con la ingenuidad propia de un niño, las hemos reverenciado con el respeto que un monje siente por lo divino. Ese Annapurna, al que nos habíamos dirigido con las manos vacías, es un tesoro del que habremos de vivir durante el resto de nuestros días. Conscientes de esto, volvemos una página de nuestra existencia: una nueva vida comienza. En la vida de los hombres hay otros Annapurnas.
(Maurice Herzog, inmóvil en una camilla, poco después de haber conquistado el primer ochomil)
5 comentarios:
Debería darse crema de protección solar, al pobre se le ha quedado un rictus terrorífico.
(Hice una visita a NT hace unas semanas y te pillé de vacances. Ya veo que todo bien...).
¡El espantapájaros de El mago de Oz!
Lo que pasa es que se le han quedado pipas entre los dientes.
Pero que gracia, la verdad es que es una idea estupenda. Mándame al creativo para mi agencia.
Genial foto, muy bien vista!
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