jueves, 10 de noviembre de 2011

Recuerdos consoladores



El 28 de enero de 2008, de madrugada, el escritor francés Frédéric Beigbeder fue detenido en la avenida Marceau de París por esnifar cocaína sobre el capó de un coche. Beigdeber es un cultivado enfant terrible de las letras y de la sociedad francesa. Quizá por eso, los policías que lo sorprendieron in fraganti y después el fiscal Jean-Claude Marin debieron de pensar que su arresto podría resultar ejemplar para otros noctámbulos insurgentes, y lo retuvieron 48 horas en unos calabozos infames. Durante aquel arresto humillante, Beigbeder fue rebobinando la película de su vida, e incluso logró recuperar algunos recuerdos de su infancia que creía malogrados por la amnesia. Se vio a sí mismo con un pantalón de pana “color rojo vivo”, trepando por las hayas en pendiente de la selva del Irati, o recorriendo la frontera vascofrancesa en un Aston Martin. “Todavía no existían los 4x4 y en cada curva los niños se balanceaban en el asiento de atrás del nuevo coche paterno. Me bañé en el agua fría de un río, bajo los pinos gigantes, en un aire saturado de resina. Posé junto a mi hermano delante de un rebaño de ovejas que desprendía el olor de su queso venidero. Una cortina de lluvia barnizaba los pastos, el cielo brumoso era un edredón somnífero, el tiempo era largo (los niños detestan los paseos), creo que estábamos de un humor sombrío como nuestras botas de caucho enfangadas, y los pottokas pacían sobre las laderas herbosas de los caseríos de Zugarramurdi”. La suma de aquellos y otros recuerdos le sirvió a Beigbeder para escribir Una novela francesa, donde reconstruye su niñez a la vez que relata su arresto.


(El pottoka que pasta distraídamente en la ladera herbosa de la imagen –en el collado de Itzulegi, no muy lejos de Zugarramurdi– nunca sabrá que su estampa –o la de sus ancestros alivió una vez la obligada reclusión de un escritor francés. Por el camino que se dibuja en la esquina superior derecha se puede subir al Irubelakaskoa).

2 comentarios:

Lamia dijo...

J., a veces los recuersos son el único consuelo que nos queda.

Ángel Triguero Carayol dijo...

Muy bonito. Enhorabuena.

http://clubsenderismopdtoro.blogspot.com/